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Dieta y Vitalidad

Dieta Atkins

Robert C. Atkins - Dieta Atkins

Hoy traemos a nuestras páginas un auténtico clásico: la dieta Atkins o la revolución dietética, como la denominó su autor. Pero ¿de verdad es revolucionaria?

Lo cierto es que en el mundillo de las dietas es muy difícil encontrar algo original. Comparando la dieta Atkins con la dieta Dukan, se observan tantas similitudes que nos harán dudar. Pero, independientemente de lo que digan sus autores, tenemos un dato imparcial: el año en que publicaron por primera vez sus dietas. Está claro que Atkins fue el primero en 1972, aunque Dukan (con su impecable marketing) consiguió eclipsarle casi treinta años después, en el 2000.

Según esto parecería que Atkins fue el pionero de las dietas cetogénicas, pero nada más lejos de la realidad. Resulta que su dieta revolucionaria está copiada de la de William Banting, que allá por el año 1863 publicó un panfleto en que narraba como él mismo había adelgazado con una dieta de su invención, en la que predominaban los productos cárnicos. Y Banting a su vez…

Robert C. Atkins

Robert Coleman Atkins nació el 17 de Octubre de 1930 en la ciudad estadounidense de Columbus (Ohio). Aunque su primera vocación fue la de actor, posteriormente cambió de idea y estudió medicina. Se graduó en 1955 en el Cornell University Medical College. Completó sus estudios realizando la residencia en el Hospital Strong de Rochester (Nueva York) y en otros hospitales afiliados a la Universidad de Columbia, en los que se especializó en cardiología y medicina alternativa. En 1959 abrió su propia consulta privada en el Upper East Side de Nueva York.

Hasta aquí la vida de Atkins no se diferenciaba demasiado de la de cualquier otro especialista. La pregunta es ¿qué llevó a un cardiólogo corriente a crear su propia dieta y escribir un libro sobre ella? Dejemos que sea el propio Atkins quien responda a esta pregunta:

«Al principio yo era un chico muy delgado. Cuando salí de la escuela medía 1,80 metros y sólo pesaba 61 kilos. Era el chico más delgado de toda la manzana. Mis padres habían tratado de conseguir que comiese por todos los medios, y todos nos sentimos muy dichosos cuando, al fin, desarrollé un apetito infernal. En la universidad me convertí en el mayor comilón del campus.

Por fin, comenzó a tener efecto. Para cuando me gradué había ganado 18 kilos. Luego gané aún más peso en mis estudios de posgraduado y durante mi tiempo como interno y residente. Tenía la reputación de ser el mayor tragón del hospital. Pasaba de mi peso, pero la imagen que tenía de mí mismo era de delgado, así que aquello no me preocupaba.

No fue sino hasta 1963, tras otros diez años de ganar peso, cuando, de repente, me di cuenta, al verme en una fotografía, de que tenía una papada triple. La foto estaba en mi tarjeta identificativa para mi nuevo trabajo como consultor médico de la AT&T. Sabía que era yo porque en ella estaba escrito mi nombre, pero pensé que sería mejor comprobar aquello. “¿Tengo realmente una triple papada?”, le pregunté a la enfermera. Ella asintió con la cabeza. Así que era cierto. Yo ya no era ningún chico delgado. Era un hombre gordo, y parecía tener quince años más de los que realmente tenía»

El origen de la dieta Atkins

Una vez concienciado de que tiene un problema de sobrepeso, Atkins se enfrenta a nuevos problemas. Según narra en su libro, identificaba estar a dieta con pasar hambre y le aterrorizaba pasar hambre, además de carecer, según él, de fuerza de voluntad para privarse de ciertas cosas. En vista de ello, decidió comenzar a investigar él mismo sobre todo tipo de dietas, buscando una que le permitiera adelgazar sin tener que someterse a privaciones.

En su búsqueda tropezó con un estudio sobre el ayuno que Garfield Duncan había realizado en la Universidad de Pensilvania en el que se había comprobado que los pacientes que se habían sometido al ayuno, habían dejado de sentir hambre tras pasar cuarenta y ocho horas sin comer. Es efecto era exactamente lo que buscaba Atkins, pero ayunar iba en contra de su naturaleza así que siguió en la brecha.

«Estaba buscando “La dieta del hambriento”. Mientras la buscaba, añadí nuevas piezas al rompecabezas. Leí la obra de dos de esos brillantes investigadores británicos, el profesor Kekwick y el doctor Pawan, que habían demostrado que en la orina se hallaba presente una sustancia movilizadora de las grasas cuando se estaba sometido a una dieta libre de carbohidratos desde hacía cuarenta y ocho horas. Esto y la presencia de cetonas en la orina significaba que el cuerpo satisfacía su hambre quemando su propia grasa como combustible.

Al fin leí acerca de la dieta cetogénica de la que hablaba el doctor Walter Lyons Bloom, de Atlanta, Georgia. El propósito de la dieta era, simplemente, averiguar los cambios metabólicos de una dieta sin carbohidratos y no tratar a los pacientes. Le fue posible demostrar que la misma curiosa desaparición del hambre que ocurría durante un ayuno se producía también en una dieta sin carbohidratos. Y, dado que lo que andaba buscando era una ausencia de hambre, me fascinó la dieta del doctor Bloom.

¡LA AUSENCIA DE CARBOHIDRATOS SIGNIFICA TAMBIÉN LA AUSENCIA DE APETITO! Aquello era una gran noticia, pensé. Si la ausencia de carbohidratos podía hacer que el motor corporal pasase de ser un motor quemador de carbohidratos a uno que quemase grasas, entonces quizá pudiese comer todo mi filete (que se hallaba libre de carbohidratos) y, al mismo tiempo, perder mis grasas. Y un maravilloso efecto secundario de esto podría ser que, como los pacientes que ayunaron con Garfield Duncan, no pasaría hambre»

Robert C. Atkins - Dieta Atkins

La dieta Atkins

Finalmente, después de leer, investigar y sopesar todo cuanto había encontrado sobre el tema de las dietas, el cardiólogo decide pasar de la teoría a la práctica y comienza su propia dieta en un momento de crisis laboral y personal.

Robert Atkins comenzó eliminando por completo los carbohidratos de su alimentación con el fin de provocar la cetosis en su organismo. Armado con una buena cantidad de tiras reactivas, cada mañana comprobaba el nivel de cetona que contenía su orina: si la tira se volvía de color púrpura quería decir que el nivel de cetonas era alto y que su cuerpo estaba quemando grasas.

Poco a poco comenzó a añadir hidratos de carbono, en muy pequeñas cantidades cada vez. Comenzó con cinco gramos al día y no subió de ahí hasta comprobar que pasadas una o dos semanas su cuerpo seguía en estado de cetosis y las tiras reactivas seguían tornándose de color púrpura a diario. La vez siguiente aumentó cinco gramos más y repitió la comprobación. Así una y otra vez, hasta llegar a tomar cuarenta gramos de carbohidratos diarios manteniendo el estado de cetosis, quemando grasas y sin tener sensación de hambre.

Atkins era feliz: podía tomar toda la carne que quisiese, fiambre, queso, gambas, una ensalada en cada comida y unos postres que preparaba a base de queso cremoso. Más adelante incluso llegó a permitirse más verduras, melón, fresas con nata e incluso algún que otro whisky con agua.

«Cuando comencé a ser mi propio conejillo de Indias, supe que iba a comer mucho y creía que sería muy afortunado si perdía un kilo y medio o dos por mes. Me sorprendí mucho…, probablemente fue la sorpresa más grande de mi vida, cuando al final de las primeras seis semanas a esta dieta comprobé que ¡había perdido doce kilos y medio!»

Provocar la cetosis

Después de leer la experiencia del doctor Atkins resulta muy sencillo hacer un bosquejo sobre la dieta: se trata de una dieta baja en carbohidratos y alta en proteínas, que tiene como objetivo fundamental provocar la cetosis para poner en marcha la pérdida de peso y mantenerla el mayor tiempo posible. Para ello Atkins recomienda utilizar cada mañana las tiras reactivas para comprobar el nivel de cetona.

Según va avanzando la dieta se van incorporando pequeñas cantidades e hidratos de carbono. Si la tira reactiva sigue tornándose de color púrpura es que todo va bien y el cuerpo continúa quemando grasas. El cardiólogo nos reta a identificar cual es nuestro nivel crítico de carbohidratos (NCC) utilizando este sistema. Cuando las tiras reactivas dejen de volverse púrpuras (y por lo tanto hayamos dejado de quemar grasa) habremos encontrado nuestro techo, nuestro NCC y será el momento de dar un paso atrás y eliminar de nuestra dieta la última cantidad de carbohidratos que hayamos añadido. Según Atkins nunca podremos subir de ese NCC. Incluso nos avisa de que, si volvemos a engordar a pesar de seguir la fase de mantenimiento, quizás tengamos que revisarlo a la baja.

Robert C. Atkins - Dieta Atkins

Alimentos libres y prohibidos

Desglosaremos este tema con todo lujo de detalles en cada fase de la dieta Atkins, pero, a modo de adelanto, aquí tienes un breve resumen del comienzo:

Alimentos de libre consumo – Carne, pescado, marisco, huevos, grasas y aceites, queso, especias, y algunas verduras y hortalizas para las ensaladas.

Alimentos prohibidos – Cereales, harinas o cualquiera de sus derivados (pan, pasta, galletas…), legumbres, dulces, helados, repostería, azúcar y cualquier alimento que la lleve añadida (incluidas salsas como el kétchup), embutidos, alimentos procesados y precocinados, hortalizas feculentas y fruta.

A primera vista da la impresión de que las cosas que no puedes comer son más que las que sí puedes. Pero Robert Atkins te garantiza que, además de no pasar hambre, vas a comer como un sibarita.

La evolución de la dieta Atkins

La revolución dietética del doctor Atkins se publicó por primera vez en el año 1972 y se convirtió en un gran éxito editorial (en un año se hicieron veinte reediciones). Sin embargo sus colegas no dejaban de criticarle y de denunciar los efectos secundarios que la dieta provocaba. Se quejaban sobre todo de la falta de vitaminas y de fibra, consecuencia de las pocas verduras y frutas que se consumían, así como del exceso de grasas que, según ellos, podía provocar aumentos en los niveles de tensión y colesterol y problemas cardíacos.

Cansado de los ataques, Atkins recoge el guante y en 1996 publica una nueva versión de su libro, La nueva revolución dietética del doctor Atkins, en el que recoge las quejas y hace pequeñas modificaciones en su dieta. El cardiólogo defiende su postura de recetar suplementos vitamínicos (presente ya en el primer libro) para suplir las carencias de la dieta en este campo. Según cuenta en sus libros, sus pacientes pueden llegar a tomar hasta 30 pastillas diarias de este tipo con lo que, según él, es imposible que exista ningún tipo de carencia.

En esta segunda versión Atkins elimina por completo la cafeína, y restringe aún más el consumo de alcohol, recomendando que incluso después de acabar la dieta se tomen con mucha moderación. Por lo que respecta a la carencia de fibra en su nuevo libro Atkins aumenta ligeramente las cantidades que se pueden consumir, además de incluir nuevos suplementos destinados a paliar este problema.

También existen pequeñas modificaciones en cuanto a la cantidad de carbohidratos diarios que se pueden consumir y, según va avanzando la dieta, se empiezan a incluir más frutas y verduras que en la primera versión. Aunque quizás el cambio más significativo de todos sea el paso de los cinco niveles de los que constaba la dieta en un principio, a las cuatro fases que pasó a tener luego y que perduran hasta hoy.

Robert C. Atkins - Dieta Atkins

Las fases de la dieta Atkins

Antes de comenzar la dieta Atkins te indica que tienes que tener clara tu meta. Es decir, que tienes que saber con exactitud cuál es el peso que quieres alcanzar. Para ello te sugiere dos sistemas: el primero y más recomendable según él es que recuerdes cuanto pesabas en la mejor época de tu vida, cuando te encontrabas más ágil y sano, y que te marques como objetivo volver a recuperar ese peso. El segundo sistema es para las personas que siempre han sufrido de sobrepeso. A ellos les propone que recurran a las clásicas tablas donde pueden consultar el peso medio que corresponde a cada persona, teniendo en cuenta su sexo, edad, complexión física, nivel de actividad, etc.

Cuando tengas claro este dato es el momento de elegir qué fase de la dieta Atkins es la que más te conviene:

Inducción El objetivo primordial de esta primera fase es provocar la cetosis, es decir que tu cuerpo comience a utilizar las grasas como combustible en lugar de los hidratos de carbono y para conseguirlo se reduce la ingesta de éstos últimos a la mínima expresión. La duración indicada para esta primera fase es de dos semanas, aunque se puede dilatar un poco más si son muchos los kilos a perder. En ningún caso se debe prolongar más allá de otras dos semanas (un mes en total).

Pérdida de peso progresiva Esta segunda fase, evidentemente, es la más larga de la dieta para los que tienen que perder muchos kilos, una carrera de fondo. Se debe mantener hasta que falten aproximadamente unos cuatro o cinco kilos para llegar a objetivo final. Cuando la cantidad de peso que se ha de perder no es excesiva, se puede comenzar la dieta por aquí.

Mantenimiento previo Atkins recomienda perder los últimos kilos a un ritmo más lento, para que el cuerpo se habitúe a su nuevo peso y se vaya estabilizando. Si tú sólo necesitas perder cuatro o cinco kilos, puedes iniciar la dieta Atkins directamente en esta tercera fase.

Mantemimiento Al igual que ocurre en la dieta Dukan, esta última fase de la dieta es para el resto de tu vida. Atkins señala que debes matener tu peso con un margen de dos kilos por encima o por debajo. Si sobrepasas este margen es el momento de recurrir de nuevo a la fase de inducción.

La muerte de Robert Atkins (el 17 de Abril de 2003, a consecuencia del fuerte golpe que recibió en la cabeza al caerse en la calle nueve días antes) estuvo rodeada de polémica. Según consta en el informe, Atkins pesaba 117 kilos cuando murió, argumento que sus detractores utilizaron como prueba de que su dieta no era efectiva. Sin embargo miembros de su entorno afirmaron que al día siguiente de ingresar en el hospital Weill Cornell Medical Center tan sólo pesaba 88 kilos y que la diferencia de peso se debía a la medicación y la retención de líquidos.

En cualquier caso, en aras de la imparcialidad, hay que decir que esto no pasa de ser una anécdota macabra. Lo cierto es que la dieta Atkins ha ayudado a perder peso a muchas personas y que son cada vez más los profesionales que, al igual que él, defienden las virtudes de las dietas cetogénicas en contra de la postura mayoritaria. Si quieres probar fortuna con la dieta Atkins recuerda, como siempre, que lo primero es consultar con un especialista: él te dirá si estás en condiciones de iniciar una dieta y ésta es adecuada para ti.

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