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Dieta y Vitalidad

Dieta alcalina

Dieta alcalina para bajar de peso

La dieta alcalina se mece en el filo de una espada y es muy difícil saber para qué lado caerá. ¿Es una dieta terapéutica? ¿Es una dieta para adelgazar? ¿Las dos cosas a la vez? Como verás si continúas leyendo este artículo, la dieta alcalina, sin pertenecer por completo a ningún grupo, participa un poco de todos. Incluso coincide en algunos de sus postulados con la dieta paleo, ya que defienden que la dieta de nuestros antepasados era fundamentalmente alcalina. Según ellos, todos los alimentos que se consumían eran naturales, sin procesar, y por lo tanto alcalinos.

Pero lo mejor será comenzar por el principio. La dieta alcalina gira en torno al pH de nuestro cuerpo. A estas alturas, hasta los menos interesados por estos temas han oído hablar del pH. De eso ya se encarga la publicidad, que nos anima a comprar champú, gel de ducha y jabón con pH neutro, porque no perjudica nuestra piel. Hasta aquí sabemos todos. Pero en realidad ¿qué es el pH?

¿Qué es el pH?

El pH (potencial de hidrógeno) es una unidad de medida. De la misma forma que las distancias se miden en metros, los niveles de acidez y alcalinidad se miden con el factor pH. Que una sustancia sea ácida u alcalina depende de la cantidad de iones de hidrógeno que contiene. La longitud se pude medir en centímetros, metros o kilómetros dependiendo de lo grande que sea. El factor pH se mide con una escala que va del 0 al 14. El 0 corresponde a la acidez máxima, el 14 a la mayor alcalinidad, y en centro está la virtud: en el número 7 de la escala se sitúa el famoso pH neutro (aunque en realidad el pH de jabones y geles es de 5.5, que es el que corresponde a la piel humana).

Nuestro cuerpo tiene sus propios niveles de pH, que él mismo se encarga de regular y mantener en niveles adecuados, compatibles con la vida. Las variaciones en ese nivel óptimo pueden interferir en multitud de procesos que nuestro cuerpo lleva a cabo: reduciendo su velocidad, modificando su estructura o simplemente paralizándolo.

Esto es lo que dice la ciencia. Pero los paladines de la dieta alcalina van un paso más allá y afirman que si el pH de nuestro cuerpo es ácido padeceremos de sobrepeso y de multitud de enfermedades. ¿Cómo podemos conocer nuestro nivel de pH?

¿Tu pH es ácido u alcalino?

En la dieta alcalina esta es la pregunta del millón de dólares. Dicen sus defensores que hay multitud de señales con las que nuestro cuerpo nos avisa cuando padece acidosis crónica: alergias, arterioesclerosis, cálculos en riñones y vesícula, cáncer, dermatitis, diabetes, dolor crónico, gota, infarto de miocardio, inflamaciones, insomnio, irritabilidad, migraña, nerviosismo, osteoporosis, reuma, úlceras estomacales y duodenales…

Pero una cosa son las señales, y otra las pruebas. Por eso, si quieres saber a ciencia cierta cuál es tu pH, lo mejor es hacerte una prueba. Existen diversas formas de conocer el nivel de pH del cuerpo. La más exacta se realiza mediante una extracción de sangre. La más sencilla y asequible es la medición en la orina o en la saliva. Para ello sólo necesitamos unas tiras reactivas que podemos encontrar en las farmacias.

Dieta alcalina para bajar de peso

Eso sí, nos dicen que si queremos datos fiables tenemos que repetir la medición varias veces ya que son muchos los factores que influyen en nuestro nivel de pH a lo largo del día. Lo ideal es hacerlo tres veces al día durante una semana, ir anotando los distintos resultados y luego sacar la media. Si tu pH es alcalino, enhorabuena. Si es ácido, te dicen que no te preocupes porque con la dieta alcalina lo vas a solucionar.

La dieta alcalina y la salud

La idea es que la dieta alcalina puede ayudarte a recuperar la salud. Dicen que es una alimentación sana y equilibrada que puedes seguir durante toda la vida pero que incluso si la realizas tan sólo de forma temporal, también te servirá para desintoxicar el cuerpo y para aliviar algunas dolencias crónicas. Estos son algunos de los beneficios que te ofrece la dieta alcalina:

A corto plazo – Aumenta la elasticidad, atenúa los problemas intestinales y digestivos, mejora la circulación eliminando algunos problemas (manos y pies fríos), elimina las migrañas e incrementa tu bienestar general.

A largo plazo – Revitaliza piel, cabello y uñas, mejora el riego sanguíneo de las encías, impide la aparición de caries, flexibiliza la musculatura, detiene la pérdida de tejido óseo propia de la osteoporosis, estimula la curación de los procesos inflamatorios crónicos (incluso el reuma y la gota), disminuye los dolores articulares, refuerza el sistema inmunológico y con ello evita enfermedades de todo tipo.

Cómo es la dieta alcalina

El objetivo primordial de la dieta alcalina es corregir nuestro nivel de pH a través de la alimentación. Para ello se fomenta el consumo de alimentos que son naturalmente alcalinos y se aconseja evitar (o se prohibe) los alimentos ácidos. Parece sencillo ¿verdad? Pues no lo es.

Es muy fácil encontrar listas de alimentos ácidos y alcalinos, pero con eso no basta. Lo que interesa en la dieta alcalina, más que las cualidades inherentes a cada alimento, es el efecto que produce en nuestro organismo cuando lo ingerimos. Y ahí es donde surgen las sorpresas. Por ejemplo el limón, alimento ácido prototipo, cuando se metaboliza tiene un efecto alcalinizante en nuestro cuerpo. Por el contrario la carne, que es un alimento alcalino, al ser asimilada en nuestro cuerpo, nos produce un estado de acidez.

Por otra parte, al igual que ocurre con muchas otras dietas que ya hemos analizado, existen múltiples versiones de la dieta alcalina. Desde las más tolerantes, que permiten comer hasta un veinte por ciento de alimentos ácidos, a las más estrictas donde no se pueden ni probar.

¿Se puede adelgazar con la dieta alcalina?

La respuesta, desde luego, es que sí. Son muchas las famosas que así lo avalan: Victoria Beckham, Gwyneth Paltrow, Demi Moore, Kirsten Dunst, Kate Hudson… Quizás la más emblemática de todas sea la modelo australiana Elle Macpherson, que se convirtió en portada mundial al cumplir los cincuenta años con un aspecto realmente envidiable. Elle, que había probado diferentes dietas con anterioridad, opina que si se mantiene en tan buena forma es gracias a su descubrimiento de la dieta alcalina.

Desde luego, teniendo en cuenta lo que se puede y lo que no se puede comer en la dieta alcalina, no es de extrañar que se pierda peso. Otra cosa muy distinta es que, desde el punto de vista nutricional, sea una dieta completa. De hecho son muchas las voces de los expertos que se han alzado para denunciar sus carencias.

Desde luego no es lo mismo hacer una o dos semanas de dieta alcalina, para desintoxicar y reequilibrar el pH, que plantearse seguirla durante un largo periodo de tiempo. Nosotros, como siempre, te recomendamos que antes de nada consultes con un experto. Él te dirá si estás en condiciones de emprender la dieta y si sería conveniente que tomases algún tipo de suplemento.

Alimentos recomendados en la dieta alcalina

Como ya hemos comentado, la frecuencia con la que se pueden consumir los alimentos en la dieta alcalina viene dada por el impacto que tienen en nuestro organismo al ser metabolizados. La clasificación, basándose en ello, está formada por varios grupos ordenados por su poder alcalinizante: cuanto más alto sea, más a menudo podremos consumirlos. Vamos a verlos con más detalle de mayor a menor.

Alcalinidad alta

Aceite de oliva, acelgas, agua alcalina, agua de mar, ajo, algas marinas, apio, berza, brócoli, brotes de avena, brotes de chía, brotes de soja, cayena, ciruelas pasas, dátiles, diente de león, espárragos, espinacas, higos secos, limones, pasas, sandía, pomelo, mango, papaya, pepino, raíz de loto, rábano negro, sal del Himalaya, sal marina sin refinar, stevia, té de gingseng, zumo de limón, zumo de remolacha, zumos de verduras.

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Alcalinidad media

Aceite de borraja, aceite de coco, aceite de linaza, aceite de sésamo, aguacate, alcachofas, algarrobas, almendras, berros, bicarbonato sódico, boniato, borrajas, brotes de alfalfa, calabacín, canela, caquis, cuajada, cuajada de cabra, curry, dátiles, endibias, escarola, especias aromáticas, gomasio, habas, hongos, infusiones, jarabe de arce, jarabe de arroz, jengibre, judías blancas, judías negras, judías pintas, judías verdes, kiwi, leche de almendras, leche de avena, leche de coco, leche de soja, leche desnatada, manzanas, miso, ortiga, peras, pimentón, pimienta, piña, piñones, queso de cabra, rábano blanco, rábano rojo, remolacha, repollo, semillas de sésamo, sirope de ágave, suero de leche, tahín, té verde, tofu, tomates, trigo sarraceno, uvas, yogur desnatado, zumos naturales de frutas.

Alcalinidad baja

Aceite de canola, aceite de colza, aceite de onagra, aceitunas, amaranto, arroz salvaje, azúcar integral de caña, berenjenas, boniatos, cacao puro, calabaza, canónigos, castañas, cebada, cebolla, cerezas, champiñones, coco, col, coles de Bruselas, coliflor, cuscús, espelta, guisantes, higos frescos, jalea real, Kamet, lechuga, lentejas, lima, linaza, maíz, mango, melocotón, melón, miel pura, mijo, nabo, nuez de Brasil, orégano, patatas, perejil, pescado marino, pimientos, piña, plátanos sin madurar, polen, puerros, quinua, romero, sandía, setas, soja, té de jengibre, tamari, tomillo, vinagre de arroz.

Alimentos que se deben evitar en la dieta alcalina

En el otro extremo del abanico tenemos los alimentos acidificantes. Los de índice bajo podremos consumirlos de vez en cuando. Los que provocan una acidez alta deberemos desterrarlos de nuestra dieta, o consumirlos tan sólo en ocasiones especiales.

Acidez baja

Aceite de girasol, aceite de maíz, albaricoque, arándanos, arroz basmati, arroz integral, avellanas, avena, bayas de goji, centeno, chocolate, clementinas, conejo, copos de arroz, frambuesas, fresas, gallina, granadas, grosellas, hígado, huevos camperos, leche entera de vaca, liebre, mantequilla, margarina, melaza, miel procesada, moras, naranjas, nata, nectarinas, nueces de macadamia, ostras, pan de centeno, pan de salvado, pan germinado, pipas de calabaza, pipas de girasol, productos de casquería, proteína en polvo, queso cottage, requesón, sal procesada, sirope de arroz, suero de proteína en polvo, sustitutos del café, té, té rojo, venado, yogur entero, zumos de fruta envasados.

Acidez media

Aceite de hígado de bacalao, anacardos, arroz blanco, azúcar blanco, azúcar moreno, café con leche, chocolate con leche, cordero, fruta enlatada, galletas, gaseosa, grasa animal, guindas, harina integral, helados lácteos, huevos, ketchup, mandarinas, manteca, mayonesa, mermelada, mostaza, nueces, pan blanco, pastas, pato, pavo, pecanas, pescado de agua dulce, pistachos, pollo, productos de pastelería, queso Camembert, quesos curados, ruibarbo, soda, trigo, vino.

Acidez alta

Agua con gas, alcohol, aspartamo, buñuelos, cacahuetes, café, carne de búfalo, carne de cerdo, carne de vaca, cerveza, ciruelas, dextrosa, drogas químicas, escabechados, harinas refinadas, licores, manitol, marisco, medicamentos, nueces, panqueques, pescados de piscifactoría, queso fundido, queso parmesano, quesos procesados, queso rallado, refrescos, tortitas, sal refinada, salsa de soja, sardinas en lata, semillas de sandía, sorbitol, té negro, vinagre de sidra, vinagre de vino, zumos comerciales.

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El agua alcalina

El pH del agua pura es de 7, lo cual quiere decir que su valor es neutro o dicho de otra forma, ni perjudica ni beneficia. Sin embargo cada vez se habla más del agua alcalina, cuyo pH oscila de 8 a 9’5. Dicen que su consumo proporciona un montón de ventajas: elimina toxinas, favorece la buena digestión, alivia las enfermedades gastrointestinales, suprime la retención de líquidos, previene el envejecimiento prematuro y diversas patologías como la diabetes, la obesidad, la osteoporosis, el insomnio, el asma, las dermatitis, las enfermedades reumáticas y un largo etcétera.

¿Qué hay que hacer para beneficiarse del agua alcalina? Nada más simple, tan sólo hay que beberla y utilizarla para cocinar. Dependiendo del dinero que quieras emplear, tienes varias opciones: desde el ionizador eléctrico (cuyo precio puede oscilar de los 90 euros del más pequeño y simple hasta más de 3.000 euros de los modelos más completos), las jarras con filtro renovable (desde 30 a 300 euros), las tabletas o gotas para añadir al agua, o comprar directamente el agua alcalina embotellada.

Prepara tu propia agua alcalina

Si tu presupuesto no es muy alto, no te preocupes: existen varios métodos caseros con los que puedes alcalinizar el agua del grifo de forma muy económica:

  1. Llena una jarra de agua limpia, agrégale un limón lavado y cortado en ocho trozos y una cucharadita de sal del Himalaya. Tápala y déjala reposar a temperatura ambiente durante doce horas, y ya la tendrás lista para tomar.
  2. Pon a calentar una cacerola con dos o tres litros de agua. Cuenta cinco minutos desde que el agua empiece a hervir, retírala del fuego y déjala enfriar. Sólo con eso el pH habrá subido hasta 8’4.
  3. Añade media cucharadita de bicarbonato de sodio a un vaso de agua. Aunque no te lo creas, el pH habrá pasado de 7 a 7’9.
  4. Elige dos recipientes iguales. Llena uno con agua del grifo y viértela en el otro desde una buena altura, como si estuvieras sirviendo sidra. Hay que repetir el proceso al menos ocho veces para alcalinizar el agua. Eso sí, este método sólo es apto para personas con buen pulso.

Normas de la dieta alcalina

Para seguir correctamente la dieta alcalina, de acuerdo con los expertos, tenemos que cuidar muchos pequeños detalles. Por eso hemos pensado que lo mejor sería ordenarlos por temas.

A la hora de comprar

Lee las etiquetas con mucha atención: en ellas debe venir especificado si se trata de alimentos transgénicos o irradiados que no debes comer nunca.

Debes procurar que verduras, frutas, legumbres y cereales procedan de cultivos ecológicos. Si te decides por la dieta que los incluye, la carne y los huevos también deben ser obtenidos de animales alimentados de forma natural.

Elige siempre alimentos de temporada y que se hayan producido en tu zona para asegurarte que el tiempo de almacenamiento haya sido el mínimo posible, así como las posibles manipulaciones para que conserven su frescura de forma artificial.

Evita los alimentos precocinados de cualquier tipo. Si algún día no te queda más remedio, lee las etiquetas cuidadosamente y elige aquellos que hayan sido preparados con la menor cantidad de conservantes y aditivos químicos.

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En la cocina

Nada de congelar sobras. Prepara sólo la cantidad que vayas a consumir para garantizar que tus comidas siempre estén recién hechas y frescas.

Si alguna vez te ves en la necesidad de utilizar algún alimento que no sea fresco, elige los que hayan sido envasados en frascos de cristal.

Para cocinar tus alimentos puedes optar por hacerlo al vapor, escalfados, a la plancha, salteados en el wok o al horno suave (sin sobrepasar los 110º C).

Olvida el microondas: dicen los expertos en la dieta alcalina que altera la composición molecular de los alimentos.

Como ayuda para cocinar y para envolver alimentos tan sólo se puede utilizar papel vegetal. El papel de aluminio y el film plástico deben ser desterrados de tu cocina.

Elige con cuidado tu menaje de cocina (ollas, sartenes, fuentes, tarros, cazos, paletas, cubiertos y demás utensilios). Deben estar hechos de madera, bambú, cerámica, barro cocido (sin barnices tóxicos), acero inoxidable (a ser posible del denominado quirúrgico), hierro colado vitrificado y cristal. Deshazte de los cacharros de aluminio, cobre y plástico.

Forma de vida

Practica cada día un poco de ejercicio al aire libre. Pasear o montar en bicicleta pueden ser dos buenas opciones.

Si tienes la posibilidad practica yoga de forma regular. Dicen que los ejercicios de respiración y la meditación te serán muy útiles.

Adopta unas rutinas saludables. Si sigues unos horarios pautados para levantarte, comer, realizar tus actividades, dedicarte al ocio o descansar, tu cuerpo te lo agradecerá.

Descansa todos los días al menos ocho horas.

Cada mañana, antes de ducharte, cepilla todo tu cuerpo en seco. De esta forma activarás la circulación sanguínea y estimularás el sistema linfático para eliminar mejor las toxinas.

Un buen masaje con aceites esenciales o un baño de agua templada con esos mismos aceites te harán sentirte mucho mejor.

Y por último nos dan un gran consejo, digno más bien de una escuela filosófica que de una dieta. Encuentra tiempo para todo aquello que te haga feliz y sobre todo sé feliz con lo que haces, lo que tienes y lo que eres.

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Menú semanal de la dieta alcalina estricta

En primer lugar te ofrecemos el menú que sugiere el argentino Gabriel Gaviña, que ha hecho de la dieta alcalina una profesión de fe y una forma de vida. La dieta no puede ser más parca (incluso deja atrás a los veganos más estrictos) y excluye por completo todos los alimentos acidificantes. Si te decantas por ella, asegúrate primero de estar en buena forma y consulta sobre la necesidad de tomar algún tipo de suplemento.

En esta dieta tanto las ensaladas como las verduras al vapor pueden aliñarse con aceite de oliva virgen extra, zumo de limón recién exprimido y sal marina o sal del Himalaya. Nada de sal de mesa ni de vinagres. Y las sopas y menestras de verduras tienen que llevar mucha verdura picada en trocitos.

Lunes

  • Desayuno – Una tazón de caldo vegetal. Una naranja fresca. Una manzana pequeña. Una cucharada de aceite de lino puro. Medio aguacate, aliñado con una cucharada zumo de limón recién exprimido y una cucharadita de aceite de oliva virgen extra. Una taza de té verde o una infusión.
  • Media mañana – Una zanahoria mediana.
  • Comida – Una ensalada de verduras crudas ralladas. Un plato de brócoli, zanahorias y una patata, cocidos al vapor y espolvoreados con una cucharada de pipas de girasol (crudas y peladas, claro está).
  • Merienda – Una manzana.
  • Cena – Zumo de zanahorias frescas u otro zumo vegetal. Un plato de menestra de verduras. Espinacas y brócoli al vapor. Una infusión de menta.

Martes

  • Desayuno – Una tazón de caldo vegetal. Una naranja fresca. Una manzana pequeña. Una cucharada de aceite de lino puro. Sesenta gramos de grano de avena picada, remojados en una taza de agua hasta que se ablande (unos quince minutos). Una taza de té verde o una infusión.
  • Media mañana – Media manzana.
  • Comida – Una ensalada de lechuga con dos cucharadas de garbanzos cocidos, dos cucharadas de pimiento morrón picado muy fino y zanahoria rallada. Un plato de coliflor y patata hervidos al vapor, espolvoreados con una cucharada de pipas de calabaza (crudas y peladas).
  • Merienda – Medio aguacate.
  • Cena – Un zumo de tomate. Un plato de sopa de verduras (con muchos tropezones). Brócoli y patatas al vapor. Una tila.

Miércoles

  • Desayuno – Una tazón de caldo vegetal. Una naranja fresca. Una manzana pequeña. Una cucharada de aceite de lino puro. Medio aguacate, aliñado con una cucharada zumo de limón recién exprimido y una cucharadita de aceite de oliva virgen extra. Una taza de té verde o una infusión.
  • Media mañana – Una zanahoria mediana.
  • Comida – Ensalada de patatas y puerro, con brotes de alfalfa, y remolacha y zanahorias ralladas. Acelgas y calabacines al vapor, con dos cucharadas de lentejas cocidas.
  • Merienda – Seis bastoncillos de pepino.
  • Cena – Zumo de remolacha. Un plato de sopa de verduras (con muchos tropezones). Calabaza y espinacas al vapor. Una manzanilla.

Jueves

  • Desayuno – Una tazón de caldo vegetal. Una naranja fresca. Una manzana pequeña. Una cucharada de aceite de lino puro. Sesenta gramos de grano de avena picada, remojados en una taza de agua hasta que se ablande (unos quince minutos). Una taza de té verde o una infusión.
  • Media mañana – Media manzana.
  • Comida – Una ensalada de verduras crudas ralladas. Acelgas y patatas al vapor mezcladas con dos cucharadas de lentejas germinadas.
  • Merienda – Medio aguacate.
  • Cena – Zumo de espinacas. Un plato de menestra de verduras. Calabaza y coles de Bruselas al vapor. Una infusión de melisa.

Viernes

  • Desayuno – Una tazón de caldo vegetal. Una naranja fresca. Una manzana pequeña. Una cucharada de aceite de lino puro. Medio aguacate, aliñado con una cucharada zumo de limón recién exprimido y una cucharadita de aceite de oliva virgen extra. Una taza de té verde o una infusión.
  • Media mañana – Una zanahoria mediana.
  • Comida – Ensalada de pepinos y zanahorias ralladas con dos cucharadas de semillas de lino. Espárragos, champiñones y una patata al vapor.
  • Merienda – Una manzana.
  • Cena – Zumo de tomate. Un plato de sopa de verduras (con muchos tropezones). Alcachofas al vapor con una patata asada. Una infusión de lavanda.

Sábado

  • Desayuno – Una tazón de caldo vegetal. Una naranja fresca. Una manzana pequeña. Una cucharada de aceite de lino puro. Sesenta gramos de grano de avena picada, remojados en una taza de agua hasta que se ablande (unos quince minutos). Una taza de té verde o una infusión.
  • Media mañana – Media manzana.
  • Comida – Ensalada de calabacín y zanahoria rallados con hojas de rúcula. Repollo, batata y acelgas al vapor, mezclados con dos cucharadas de garbanzos cocidos.
  • Merienda – Seis bastoncillos de pepino.
  • Cena – Zumo de zanahorias. Un plato de menestra de verduras. Brócoli y patata al vapor. Una infusión de valeriana.

Domingo

  • Desayuno – Una tazón de caldo vegetal. Una naranja fresca. Una manzana pequeña. Una cucharada de aceite de lino puro. Medio aguacate, aliñado con una cucharada zumo de limón recién exprimido y una cucharadita de aceite de oliva virgen extra. Una taza de té verde o una infusión.
  • Media mañana – Una zanahoria mediana.
  • Comida – Una ensalada de verduras crudas ralladas. Acelgas y patatas al vapor mezcladas con dos cucharadas de lentejas cocidas.
  • Merienda – Una manzana.
  • Cena – Zumo de remolacha. Un plato de sopa de verduras (con muchos tropezones). Calabaza y espinacas al vapor. Una infusión de hierba luisa.

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Menú semanal de la dieta alcalina suavizada

Esta segunda versión de la dieta alcalina, aunque tampoco sea para tirar cohetes, es más llevadera y menos monótona. Se incluyen algunos alimentos prohibidos en pequeñas cantidades y respetando que no representen más del veinte o el treinta por ciento del total. Un factor primordial es comenzar el día con un vaso de agua templada con zumo de limón. No se debe desayunar hasta que hayan pasado al menos veinte minutos después de haber bebido el vaso.

Lunes

  • Al levantarte – Un vaso de agua templada con un chorrito de zumo de limón recién exprimido.
  • Desayuno – Un vaso de zumo de tomate. Un tazón de leche de almendras con copos de avena. Una infusión.
  • Media mañana – Una naranja y una infusión.
  • Comida – Un plato de pasta integral salteado con verduras. Mero a la plancha. Una infusión.
  • Merienda – Una pieza de fruta y una infusión.
  • Cena – Crema de verduras (calabacín, calabaza, judías verdes y zanahoria). Una manzana. Una infusión relajante.

Martes

  • Al levantarte – Un vaso de agua templada con un chorrito de zumo de limón recién exprimido.
  • Desayuno – Un batido verde (aguacate, limón, acelgas y agua). Una tostada de pan integral con pechuga de pavo. Una infusión.
  • Media mañana – Un pomelo y una infusión.
  • Comida – Ensalada de lechuga y tomate. Arroz integral salteado con verduras (cebolla, tomate, pimiento rojo y pimiento verde). Una infusión
  • Merienda – Una pieza de fruta y una infusión.
  • Cena – Brochetas de champiñones y verduras (pimiento rojo, pimiento verde, cebolla y tomates cereza). Una pera. Una infusión relajante.

Miércoles

  • Al levantarte – Un vaso de agua templada con un chorrito de zumo de limón recién exprimido.
  • Desayuno – Un vaso de leche de almendras. Una cuajada con un chorrito de miel pura. Una infusión.
  • Media mañana – Una naranja y una infusión.
  • Comida – Gazpacho andaluz. Un tomate en rodajas aliñado con orégano y un chorrito de aceite de oliva. Pechuga de pollo a la plancha. Una infusión.
  • Merienda – Una pieza de fruta y una infusión.
  • Cena – Crema de calabaza. Espárragos a la plancha. Uvas. Una infusión relajante.

Jueves

  • Al levantarte – Un vaso de agua templada con un chorrito de zumo de limón recién exprimido.
  • Desayuno – Un vaso de zumo de zanahoria y naranja. Una rebanada de pan integral con paté vegetal. Una infusión.
  • Media mañana – Un pomelo y una infusión.
  • Comida – Ensalada de tomate y pepino. Potaje de garbanzos “majao”. Una infusión.
  • Merienda – Una pieza de fruta y una infusión.
  • Cena – Judías verdes y patatas al vapor. Dátiles. Una infusión relajante.

Viernes

  • Al levantarte – Un vaso de agua templada con un chorrito de zumo de limón recién exprimido.
  • Desayuno – Un vaso de zumo de remolacha. Queso de cabra. Una infusión.
  • Media mañana – Una naranja y una infusión.
  • Comida – Ensalada de berros con vinagreta de frambuesa. Una patata asada. Merluza a la plancha. Una infusión.
  • Merienda – Una pieza de fruta y una infusión.
  • Cena – Menestra de verduras. Dos rodajas de piña. Una infusión relajante.

Sábado

  • Al levantarte – Un vaso de agua templada con un chorrito de zumo de limón recién exprimido.
  • Desayuno – Pudin de chía y anacardos. Un zumo de manzana recién hecho. Una infusión.
  • Media mañana – Un pomelo y una infusión
  • Comida – Ensalada de escarola, tomate y queso de cabra. Lentejas estofadas con verduras. Una infusión.
  • Merienda – Una pieza de fruta y una infusión.
  • Cena – Espaguetis de calabacín con pesto de nueces de Brasil. Un mango. Una infusión relajante.

Domingo

  • Al levantarte – Un vaso de agua templada con un chorrito de zumo de limón recién exprimido.
  • Desayuno – Un vaso de leche de coco. Un puñadito de almendras. Una infusión.
  • Media mañana – Una naranja y una infusión.
  • Comida – Ensalada de lechuga. Pollo asado. Un batido de leche de almendras con fresas. Una infusión.
  • Merienda – Una pieza de fruta y una infusión.
  • Cena – Rissoto de arroz salvaje con setas. Un yogur desnatado con pasas y piñones. Una infusión relajante.

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