Menu

Dietas rápidas

¿Por qué están tan de moda las dietas rápidas? Durante la mayor parte de la historia documentada de la humanidad nuestra vida se adaptó al ritmo de la naturaleza. Nos levantábamos, nos acostábamos y desarrollábamos la mayor parte de nuestra actividad con el sol. Más que nada porque la luz de las hogueras y la de las velas no daban para mucho… Sin necesidad de que nadie nos convenciera comíamos productos de temporada, porque hasta el año siguiente no habría forma de volverlos a tomar. Sin reloj, sin horarios que cumplir, sin tener que fichar, la gente solía estar mucho más relajada.

Pero con la revolución industrial las cosas empezaron a cambiar. Los empleos en los talleres y en las fábricas nos obligaron a vivir esclavizados al reloj y a someternos a horarios estrictos. Los colegios hicieron lo mismo con nuestros hijos. Los avances en temas de alumbrado nos regalaron muchas más horas de actividad productiva, pero nos robaron horas de descanso. Y, en términos generales, comenzamos a vivir a un ritmo mucho más acelerado.

Aunque ya contaba con una larga andadura, no fue hasta 1950 cuando Hans Selye define oficialmente esta forma de vida en su libro Estrés. Un estudio sobre la ansiedad. Y lo cierto es que casi todos estamos en sus garras. Todo cuanto hacemos ha de ser rápido. Todo lo que deseamos es urgente. Todo lo que comenzamos ha de rendir un efecto inmediato. Sólo en una sociedad desquiciada como esta podría haber surgido la frase “lo quiero para ayer”.

Esta actitud abarca a todos los aspectos de nuestra vida, incluyendo, por supuesto, el de nuestro aspecto físico. De ahí el gran auge de la cirugía estética que nos permite mejorar deprisa y sin apenas esfuerzo. Y por eso también el enorme éxito de las dietas rápidas, a despecho de las consecuencias que nos puedan acarrear.

Concepto

Llamamos dietas rápidas a todas aquellas que nos prometen perder muchos kilos en un plazo mínimo de tiempo. La duración de estas dietas suele oscilar entre los tres y los siete días, durante los cuales se puede llegar a perder hasta diez kilos de peso. Se las conoce también como dietas exprés, dietas relámpago, dietas de choque, dietas milagro…

Aunque no se las puede calificar como un fenómeno estacional, sí que es cierto que en determinadas épocas del año son muchas más las personas que están dispuestas a someterse a su tiranía: antes del verano o las vacaciones (por aquello de que cuanto menos ropa llevemos más se nos nota el sobrepeso, aparte del problemilla del bañador…), después de las Navidades o los viajes (más que nada por los excesos que hemos cometido), y antes de algunas fechas señaladas (fiestas, bodas y celebraciones varias) en las que nos obcecamos en embutirnos en el vestidito o el traje de hace cinco años, en lugar de comprarnos uno nuevo.

Se recurre a las dietas rápidas como solución de emergencia y porque son más cómodas. Con esto no queremos decir que estas dietas sean una bicoca. De hecho la mayoría son muy duras y, para que den resultado, requieren un seguimiento estricto, pero el sacrificio que nos exigen es por tiempo limitado. Hay muchas personas que no están dispuestas a asumir una dieta más racional y sana, pero de larga duración, y sin embargo son capaces de someterse a privaciones increíbles durante unos pocos días.

Dietas rápidas para adelgazar

Clases de dietas rápidas

Si hay mercado, hay producto. Y como hay miles de personas que quieren adelgazar mucho en poco tiempo, también hay cientos de dietas rápidas. Para verlo con más claridad vamos a intentar hacer una pequeña clasificación:

  • Productos para adelgazar – Tomándolos con exclusividad o combinados con los alimentos que nos indican, todas estas marcas comerciales tienen sus dietas rápidas. Productos dietéticos, productos milagro o súper alimentos, todos ellos irán desfilando por nuestras páginas de manera detallada.
  • Monodietas – Estas dietas se caracterizan por girar en torno a un alimento central del que hay que consumir cantidades industriales, solo o combinado con otros. El conjunto suele ser siempre una dieta muy baja en calorías con la que se perdería peso por narices, aunque no se consumiera el producto estrella. Muchas de ellas presumen además de ser depurativas o desintoxicantes. Las hay para todos los gustos: líquidas (la dieta de la sopa, la dieta del limón, la dieta del gazpacho, la dieta de la leche, la dieta de los zumos, la dieta de las infusiones…), con frutas (la dieta de la manzana, la dieta de la piña, la dieta del melocotón, la dieta de la sandía, la dieta del pomelo, la cura de uvas…), con verduras y hortalizas (la dieta de la alcachofa, la dieta de la patata, la dieta del repollo, la dieta de la acelga, la dieta del tomate, la dieta del pepino…), con cereales (la dieta del arroz, la dieta de la avena, la dieta de los cereales, la dieta del trigo sarraceno…), incluso algunas sorprendentes (la dieta del atún, la dieta del pollo, la dieta del huevo, la dieta del chocolate, la dieta del marisco, la dieta del bacón, la dieta del chorizo, la dieta de la galleta, la dieta del helado, la dieta de la cerveza…).
  • Dietas con nombre de profesiones – Llamándolas así pretenden así dar la impresión de que se trata de algo muy serio, pero lo único que tienen en común estas dietas es que ninguno de los grupos de profesionales a los que se atribuye la autoría tiene nada que ver con su origen. Al igual que las monodietas suelen ser hipocalóricas y a eso deben su éxito. Entre las más conocidas podemos citar la dieta del astronauta, la dieta de las fuerzas aéreas, la dieta de las modelos, la dieta de las fuerzas armadas, la dieta de las azafatas, la dieta del ejército israelí, etc.
  • Dietas con nombre de famosos – Un recurso que se utiliza con frecuencia como reclamo de muchas dietas es el de contar que tal o cual famoso la hizo. Pero ahora damos un paso más allá y son directamente los famosos los que prestan su propio nombre a una determinada dieta, igual que lo harían con un perfume o una línea de bolsos. Algunos de los más conocidos son: Demis Roussos, Marianne Laconte, Raffaella Carrà, Karl Lagerfeld, Victoria Principal, Gwyneth Paltrow…
  • Dietas absurdas – En este grupo podemos englobar una serie de dietas que por muy poco criterio que tengamos, sólo con ver en qué consisten nos damos cuenta de que son (en el mejor de los casos) una tomadura de pelo. Citemos por ejemplo la dieta de la luna, la dieta de los colores, la dieta del horóscopo, la dieta del calendario, la dieta de la hora, la dieta del ajo (ponerse un ajo pelado en el ombligo), la dieta de las tres “p”, la dieta de los grupos sanguíneos, la dieta cruda, el método pakistaní (que consiste en llevar un delgado brazalete de hilo enérgicamente apretado en el brazo derecho durante toda la vida)…

Dietas rápidas para adelgazar

Ventajas y peligros de las dietas rápidas

Dicen que las dietas rápidas tienen muchas ventajas. Para empezar la rápida pérdida de peso es tan gratificante para quien la está haciendo que le anima a continuar con ella durante más tiempo o a probar con otras dietas diferentes a más largo plazo. De todas y cada una de estas dietas encontraremos textos en los que nos canten sus excelencias, las definan como equilibradas y nos cuenten que aportan todos los nutrientes que podamos necesitar. También hay que decir que según los últimos estudios, el porcentaje de recuperación del peso perdido (un 71%) es igual entre aquellos que siguieron una dieta rápida o una dieta clásica.

En el otro extremo hay que decir que este tipo de dietas están contraindicadas para personas con problemas de salud (diabéticos, cardiópatas, enfermos del hígado o del riñón, et.), para adolescentes y para embarazadas.

Al ser casi todas estas dietas demasiado bajas en calorías pueden provocar una sensación de hambre y agotamiento. Son frecuentes los mareos, los dolores de cabeza y los problemas gastrointestinales. Por otra parte, como son dietas desequilibradas, si se prolongan demasiado pueden producir anemia o déficits de vitaminas y nutricionales (algunas carecen de hidratos de carbono, otras de grasas, unas aportan pocas proteínas, otras se exceden).

En casi todas ellas la mayor parte de lo que se pierde son líquidos y masa muscular en lugar de grasa. Por eso al abandonarlas (salvo que se continúe cuidando la alimentación) se produce el efecto rebote que hace que se recupere no solo el peso que se ha perdido, sino que en muchas ocasiones se puede duplicar.

Entre los mayores efectos secundarios que pueden provocar está la osteoporosis, la hipertensión, la hipercolesterolemia, problemas renales o hepáticos, ansiedad, depresión, arritmias, deshidratación, hipoglucemia, trastornos digestivos y un largo etcétera.

Dietas rápidas para adelgazar

error: ¡El contenido está protegido!

Pin It on Pinterest

Share This

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar