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Dieta Heller

Dieta Heller para adelgazar

Para comprender los fundamentos de la dieta Heller vamos a utilizar un ejemplo. Ya desde nuestra más tierna infancia, cuando nos sentábamos a ver una película policíaca o del oeste, poníamos todo nuestro afán en identificar al malo de la película lo antes posible. Cuando por fin lo teníamos localizado, el resto era coser y cantar. Ya sabíamos que cada vez que aparecía iba a causar complicaciones. Pero también sabíamos que al final perdería la batalla y que ganaría el bueno, como debe ser. Un enfoque simplista e infantil que casi nunca se corresponde con la realidad, pero que resulta muy cómodo.

Dieta Heller para adelgazarÚltimamente, en el ámbito de la nutrición y las dietas también se dedican a buscar al malo de la película, al que desencadena todos los horrores, al culpable supremo de la obesidad y de las mil y una enfermedades que suelen ir asociadas. Dependiendo de la dieta en cuestión el villano puede ser la grasa, los lácteos, los alimentos procesados, la carne, etc. En todos los casos nos prometen que si eliminamos al malandrín perderemos peso a toda velocidad y tendremos un final feliz.

Aunque si esto fuera una película del oeste, está claro que la foto que más veces aparecería en el típico cartel de Wanted (se busca) sería la de los hidratos de carbono. Acusados poco menos que de ser diabólicos, han sido aupados a este primer puesto en el ranking por varias dietas famosas: Atkins, Dukan, Medifast, Paleolítica, South Beach…

La teoría de la adicción

En el afán de intentar comprender los posibles desencadenantes de la obesidad se estudian múltiples factores. Uno de ellos, a caballo entre lo físico y lo psicológico, es la teoría de la adicción a los hidratos de carbono. Los hidratos de carbono, según esta teoría, causarían en nuestro organismo un efecto similar al de las drogas de abuso, provocando cambios químicos, interfiriendo con los neurotransmisores y creando dependencia.

La teoría de que los carbohidratos refinados son adictivos fue propuesta por primera vez en la década de los 70 por John D. Fernstrom y Richard J. Wurtman, investigadores del Departamento de Neurociencias del MIT (Massachusetts Institute of Technology). Aunque la versión más popular habla de todos los hidratos de carbono, lo cierto es que los autores achacaban este efecto psicógeno tan sólo a los carbohidratos simples refinados (el azúcar refinada o de mesa, los dulces, los zumos que no sean naturales, las bebidas carbonatadas y las harinas muy refinadas) y estudios posteriores señalaban únicamente al azúcar.

Los investigadores basaron su estudio en la tendencia de muchas personas en situaciones límite a utilizar ciertos alimentos como si fueran drogas. Se observaba con frecuencia en pacientes con depresión, con síndrome premenstrual, o en personas que están intentando dejar de fumar, con la desagradable consecuencia del aumento de peso.

Dieta Heller para adelgazarCuando el metabolismo funciona correctamente, la mayoría de la gente se siente saciada después de comer. Por el contrario, afirman, el adicto a los hidratos de carbono no consigue alcanzar esta sensación, ya que produce un exceso de insulina que provoca bajadas repentinas de la glucosa en sangre, impidiendo así que se eleven los niveles de serotonina lo suficiente como para dejar de sentir hambre. Al no recibir la sensación de saciedad, el adicto necesita continuar comiendo alimentos con alto contenido de hidratos de carbono, cada vez en mayor cantidad y sin llegar a sentirse nunca satisfecho.

Fueros muchos los nutricionistas que se hicieron eco de este estudio y que lo utilizaron como un argumento más para eliminar los hidratos de carbono de sus dietas. Pero los Heller lo enfocaron de una forma diferente.

Los Heller y su libro

Vayamos por partes. ¿Quién son los Heller? Pues un matrimonio formado por dos doctores que ejercen como profesores eméritos en el Departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y en el Monte Sinai School of Medicine, de la misma ciudad. Richard Ferdinand Heller ha publicado más de cincuenta libros, resúmenes, artículos y trabajos científicos. Su esposa, Rachael Ferdinand Heller, además es psicóloga y debido a sus trabajos de investigación ha sido nominada en dos ocasiones por la Fundación Académica Helena Rubinstein.

En el año 1993 los Heller publicaron por primera vez su libro Carbohydrate Addict’s Diet (traducido al español con el nombre de Dieta para los adictos a los hidratos de carbono) y después The Carbohydrate Addict’s Lifespan Program, ambos convertidos en superventas en muy poco tiempo.

¿Qué diferencia la dieta Heller de otras muchas basadas en la teoría de la adicción? Un pequeño, pero trascendental detalle: mientras que los demás limitan al mínimo el consumo de carbohidratos o los prohíben por completo, los Heller apuestan por un consumo diario y controlado.

Su propuesta se basa, entre otras cosas, en la gran cantidad de abandonos que se producen entre las personas que empiezan una dieta para adelgazar. A la mayoría les cuesta tanto sacrificio renunciar a sus comidas predilectas, que al final optan por tirar la toalla. Así pues la dieta Heller, teniendo en cuenta tanto la adicción física como la psicológica, ofrece a los que la sigan la oportunidad de comer lo que deseen una vez al día.

A primera vista puede parecer absurdo y contradictorio, pero los Heller argumentan las bases de su dieta de la siguiente manera: eliminas la mayor parte de los hidratos de carbono (con lo cual se supone que se recupera la sensación de saciedad) y los sustituyes por proteínas, grasas y fibra. Dicen que al haber menos insulina en la sangre el cuerpo metaboliza mejor la grasa y se empieza a adelgazar. A ello le suman el pequeño margen de libertad para consumir algún producto prohibido, que proporciona un efecto psicológico positivo en la persona que está a dieta, ya que le alivia el estrés y la ansiedad. Dos factores que, como bien es sabido, no sólo impiden la pérdida de peso, sino que contribuyen de forma decisiva a su aumento.

La dieta Heller en detalle

¿Pero cómo podemos saber si somos adictos a los carbohidratos o no? Los Heller incluyen en la contraportada de sus libros unas cuantas preguntas:

  • Después de tomar un buen desayuno ¿se siente hambriento antes de la hora de la comida?
  • ¿Le resulta difícil parar una vez que ha empezado a comer pan, pasta o dulces?
  • ¿Tiene tendencia a ganar peso fácilmente o, si pierde peso, a ganarlo de nuevo otra vez?
  • ¿No se siente saciado a pesar de que acaba de terminar una comida?
  • ¿Come cuando no tiene hambre?
  • ¿Se levanta a comer a medianoche?
  • ¿Se queda aletargado después de una comida copiosa?
  • Por las tardes ¿se siente cansado y/o hambriento sin ninguna razón?
  • ¿Continúa comiendo incluso cuando está lleno?

Si respondemos afirmativamente a dos o más preguntas, los Heller opinan que en efecto somos adictos a los hidratos de carbono y que decididamente esta es nuestra dieta. Eso sí, nos advierten de que la adicción puede ser debida a trastornos hormonales y nos recomiendan consultar con un médico lo antes posible para descartar esa posibilidad.

Dieta Heller para adelgazarCuando ya lo tenemos claro, ha llegado el momento de saber en qué consiste exactamente la dieta Heller, esa maravilla que nos promete eliminar el sobrepeso y devolvernos el control sobre lo que comemos, así como modificar nuestros hábitos de alimentación sin tener que privarnos de las comidas que más nos gustan.

A cualquier hora del día y en cualquier cantidad se permite tomar agua, zumo de limón e infusiones (té rojo con preferencia). También se puede tomar café, pero con un límite de tres tazas al día.

En la dieta se realizan tres comidas principales (desayuno, comida y cena) y están permitidos los tentempiés a media mañana o a media tarde. En todas las ocasiones (salvo en una que ya veremos más adelante) hay que evitar el consumo de hidratos de carbono. Es decir que no se puede comer pan, arroz, patatas, pasta, helados, dulces, chocolate, galletas, pasteles, patatas fritas, aperitivos salados, frutas o zumos de frutas.

El desayuno puede consistir en una taza de café sólo o una infusión endulzados con edulcorante artificial, un yogur descremado y unas lonchas de pavo o jamón.

La comida y la cena deben comenzar siempre con una gran ensalada de hoja verde (lechuga, escarola, endibias, espinacas, berros…) a la que se le pueden añadir tomates y cebolla. Según los Heller las ensaladas se pueden aliñar con aceite de oliva virgen extra, aceite de soja o de canola, vinagre, limón, hierbas aromáticas y especias. A continuación podemos tomar uno o dos filetes de vacuno, pescado o huevos.

Una vez al día se puede hacer la comida con “premio”, como la han denominado, en la que podremos comer cualquier alimento que deseemos de la lista de prohibidos pero, eso sí, respetando siempre unas reglas muy estrictas:

  • Hay que elegir una franja horaria y la comida con premio tiene que ser siempre en esa franja. Da igual que sea el desayuno o la cena, pero siempre ha de ser la misma y han de transcurrir veinticuatro horas entre ellas. No se trata de darse un atracón, porque al día siguiente podrás volver a comer eso mismo o cualquier otra cosa que te apetezca.
  • Como máximo dispones de una hora para consumir la comida con premio. Por lo tanto, sea lo que sea lo que hayas elegido, debe ser en cantidades razonables.
  • En la dieta Heller no se miden las cantidades. Pero existe un método muy sencillo para saber cuánto puedes comer exactamente del premio que hayas elegido. Divide el plato en tres partes. La primera debe consistir en verduras, la segunda en carne, huevos o pescado, y en la tercera el alimento que hayas elegido. Aquí no vale hacer trampas. Siempre debe haber la misma cantidad de las tres cosas.
  • Hay quien pregunta si se puede repetir y la respuesta es sí, pero con condiciones. No se puede repetir sólo el premio. Hay que repetir el plato completo con la verdura, la carne o el pescado y el extra. Y sobre todo hay que recordar que no se puede estar más de una hora comiendo. En cualquier caso, repetir no parece una actitud muy adecuada para alguien que quiere adelgazar (y más en una dieta que te permite darte un capricho todos los días).

Aunque en su último libro (The Carbohydrate Addict’s Cookbook) podemos encontrar multitud de recetas de todo tipo, lo cierto es que los mismos autores nos dicen que no son adecuadas para la dieta Heller, salvo para utilizarlas como comida premio.

Positivo y negativo

Dieta Heller para adelgazarLa dieta Heller tiene facetas positivas y negativas. A diferencia de otras dietas bajas en carbohidratos, esta permite el consumo diario de una cantidad racional, sustituyendo el resto por otros alimentos ricos en nutrientes. Puede ayudar a equilibrar los niveles de azúcar en sangre. Al evitar el consumo excesivo de carbohidratos nos ayuda a prevenir algunos trastornos relacionados, como la obesidad, la diabetes y otras enfermedades crónicas. Y por último es cierto que puede ayudar a bajar de peso.

Pero en el otro plato de la balanza también hay razones de peso que la convierten en una dieta problemática. El hecho de ofrecer como recompensa los mismos alimentos que se supone que hay que restringir no ayuda mucho a que las personas adquieran hábitos saludables. Además el plazo de sesenta minutos se puede convertir en un atracón diario para personas con poca voluntad. La pérdida de peso puede ser temporal si no se reduce el consumo de hidratos de carbono al finalizar la dieta. Los nutricionistas no comparten que se restrinja tanto la fruta y avisan del peligro de padecer carencias nutricionales, por la escasa variedad de alimentos consumidos. Y el último punto que critican es que en ningún momento recomienda realizar algún tipo de ejercicio físico.