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Dieta hipocalórica

Dieta hipocalórica

Hoy vamos a examinar la dieta hipocalórica. Imagina por un momento que vas a realizar un largo viaje con tu coche, cruzando Australia por ejemplo. Vas a tener que transitar por kilómetros y kilómetros de carreteras solitarias, sin áreas de servicio, ni gasolineras ni nada que se le parezca. ¿Qué preparativos harías? Lógicamente le harías una buena revisión al coche, comprobarías que los neumáticos y las luces estuvieran en buen estado y (además de llenar el depósito) te asegurarías de llevar un par de bidones de combustible para las emergencias.

Dieta hipocalóricaSi aplicamos el ejemplo al tema que nos ocupa, podríamos decir que nuestro cuerpo es un viajero experimentado y tremendamente previsor. Por eso, ante la menor señal de adversidad, se dedica a acumular combustible (lo que normalmente conocemos por calorías) en sus bidones de emergencia: los depósitos de grasa que nos provocan el sobrepeso. Si a lo largo de nuestra vida hemos acumulado demasiados bidones y queremos deshacernos de ellos, la solución es obvia: hay que poner menos combustible. Así, cuando se agote el del depósito, comenzaremos a utilizar el de reserva. En este sencillo principio se basa la dieta hipocalórica o baja en calorías.

Qué son las calorías

Si consultamos una enciclopedia nos dirá que una caloría es la cantidad de energía térmica necesaria para elevar la temperatura de un gramo de agua pura en un grado centígrado a una presión normal de una atmósfera. En la actualidad la caloría ya no se utiliza en el Sistema Internacional de Medidas, ya que ha sido sustituida por el julio (una caloría equivale a 4,1855 julios). De hecho, si nos fijamos en las etiquetas de muchos productos veremos que en la actualidad consta en ellos la cantidad de julios que aportan. Sin embargo, debido a su popularidad en ciertos ámbitos, se siguen utilizando las calorías como medida cuando hablamos de los alimentos y de su poder energético, aunque, si hablamos con precisión, en realidad nos estamos refiriendo a kilocalorías.

Ahora bien, concretamente ¿en qué emplea nuestro cuerpo las calorías? Pues en muchas cosas, aunque podríamos resumirlas dentro de cuatro grupos básicos:

  • Mantener el metabolismo basal – Es decir, proporcionar la energía necesaria para que el cuerpo funcione con normalidad, y mantener la temperatura corporal dentro de los márgenes seguros para la vida (alrededor de los 36 grados).
  • Sustentar el crecimiento y la renovación celular – Durante la primera etapa de nuestras vidas el crecimiento se lleva la parte del león, aunque a partir de cierta edad queda reducido a algo casi testimonial (el pelo, las uñas…). Sin embargo la renovación es constante, incluso en aquellas partes de nuestro cuerpo que se creían más perdurables, como los huesos.
  • Sostener la actividad física – Aunque difiere mucho de unas personas a otras (se suele clasificar en intensa, moderada o mínima), en cualquier caso se requiere energía para realizarla.
  • Afrontar imprevistos – Un accidente, una intervención quirúrgica, una simple enfermedad o una situación de estrés. Cualquiera de estas situaciones requiere de nuestro cuerpo un consumo extra de energía.

Dieta hipocalórica

Dieta hipocalórica¿Cuántas calorías diarias necesita ingerir una persona? Por norma general existen unas cantidades fijas que se asignan dependiendo, básicamente de la edad y el sexo. Pero, como acabamos de ver, hay otros factores a tener en cuenta a la hora de realizar un cálculo más real y personalizado. En cualquier caso estaríamos hablando de las calorías necesarias para mantener nuestra situación actual. Pero si tenemos un problema de sobrepeso y queremos solucionarlo con ayuda de la dieta, la mejor forma de conseguirlo es disminuir las calorías que ingerimos. En eso consiste la dieta hipocalórica.

Entre el marasmo de las dietas de adelgazamiento, la hipocalórica es un auténtico clásico y sigue siendo una de las más efectivas.

Ventajas e inconvenientes

Sin embargo en los últimos tiempos hemos asistido a una campaña de descrédito de la dieta hipocalórica, orquestada sobre todo por los defensores de las dietas altas en proteínas. Pero, curiosamente, aquellos puntos que nos dicen que son un problema en realidad no son tales o son ventajas. Vamos a examinar algunos aspectos:

  • Lentitud – Comparándola con otras la pérdida de peso que se consigue con la dieta hipocalórica es más lenta, eso es verdad. Todo el que se pone a dieta sueña con perder un montón de kilos de hoy para mañana y otras dietas llegan a ese objetivo con más rapidez. Pero ¿es bueno perder muchos kilos en poco tiempo? Psicológicamente nos puede parecer maravilloso, pero nuestro cuerpo va a sufrir las consecuencias: deshidratación, fatiga crónica, trastornos del sueño, lesiones musculares, déficits nutricionales, anemia, debilidad ósea… Incluso las personas que deben su rápida pérdida de peso a una operación de cirugía bariátrica, supervisadas en todo momento por un equipo médico, suelen padecer este tipo de problemas. Volviendo al ejemplo con el que empezamos, es como si nuestro coche llevase años arrastrando una gran caravana y le hubiésemos hecho todos los ajustes necesarios para ello. Si un día la desenganchamos sin más y no le volvemos a calibrar cada uno de los detalles de la puesta a punto, nuestro coche tendrá reacciones extrañas y potencialmente peligrosas.
  • Efecto rebote – Uno de los problemas más temidos por todos los que tienen que ponerse a dieta es éste. Dieta hipocalóricaEmpleas una determinada cantidad de tiempo en perder los kilos que necesitas y luego los recuperas en la mitad de tiempo, y encima con propina. ¿Por qué ocurre esto? Básicamente por dos motivos. El primero es obvio: si dejamos la dieta y empezamos a comer exactamente igual que antes de hacerla, volvemos a obtener el mismo resultado de antes. El segundo motivo es un poco más sutil. Nuestro organismo ha asociado la pérdida de peso con tiempos de necesidad. Cuanto más rápida haya sido, cuantas más privaciones haya sentido que pasaba, mayor será su empeño en protegerse. Por eso en el momento en que volvemos a introducir la alimentación anterior él se defiende convirtiendo en reservas de grasa el doble de lo que acumulaba antes. Nuestro coche, que empezó cruzando Australia con dos bidones de combustible de repuesto, a estas alturas llevará bidones hasta en la baca. Pero si hemos perdido el sobrepeso de forma gradual con una buena dieta hipocalórica, si hemos dado tiempo a que nuestro cuerpo se adapte a los cambios sin darse cuenta, si sólo ha sentido la sensación de una ligera escasez en lugar de hambre, será mucho más fácil conseguir que mantenga su nuevo peso de forma estable.
  • Monotonía – Hoy por hoy esta es una acusación infundada. Todos hemos visto una de esas típicas hojas que te daba cualquier médico hace años: ensalada sin aliñar, verdura cocida, pollo o pescado a la plancha para comer, y huevos pasados por agua o pavo para cenar. Obviamente esto aburriría a cualquiera, pero ya quedó atrás. En la actualidad hay muchas dietas hipocalóricas que nos ofrecen un amplio abanico de opciones en cuanto a alimentos equivalentes, y multitud de sugerencias sobre la forma en que podemos combinarlos y como cocinarlos para evitar el hastío. La dieta de los puntos, la dieta Garaulet o la dieta del bocadillo, son un magnífico ejemplo de dietas hipocalóricas variadas, placenteras y eficaces.

Dieta hipocalórica