Saltar al contenido
Dieta y Vitalidad

Dieta integrativa

Dieta integrativa

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. En el caso de la dieta integrativa la imagen que me viene a la mente es la de un funámbulo que quiere caminar con la misma soltura que una modelo en una pasarela, sólo que él está cruzando un precipicio sobre una frágil cuerda.

Entre lo que predican sus promotores y la realidad existen algunas diferencias. Según ellos la dieta integrativa está destinada a mejorar la salud, sin embargo la mayoría de la gente que busca información sobre ella lo hace con el único fin de adelgazar. Dicen que debemos «dejar atrás las dietas milagro, las recetas prodigiosas y las falsas promesas», para decirnos a continuación que «esta dieta en sí misma no cura el cáncer, pero sí puede disminuir muchísimo su riesgo en la parte que es ambiental, y contribuye a no seguir alimentando las células tumorales». ¿Qué hay de cierto?

Qué es la medicina integrativa

Antes de hablar de la dieta integrativa tenemos que situarla en un contexto: el de la medicina integrativa (nombre que se le suele dar en Estados Unidos) o biológica (como se la conoce en Europa).

La definición oficial podemos encontrarla en las palabras del doctor Andrew Weil (toda una institución en este campo): «La medicina integrativa es la medicina orientada a la curación, que tiene en cuenta la persona en su totalidad (cuerpo, mente y espíritu), incluyendo todos los aspectos del hombre. Enfatiza en la relación terapéutica y hace uso de todas las terapias apropiadas, tanto convencionales como alternativas».

La medicina integrativa, según sus portavoces, engloba la medicina tradicional con todas aquellas otras medicinas alternativas y naturales de las que dicen tener pruebas científicas de su eficacia. Bajo este amplio y ambiguo concepto, podemos encontrar prácticamente cualquier cosa en las clínicas especializadas: acupuntura, yoga, homeopatía, iridología, naturopatía, quiropraxia y un largo etcétera.

Lamentablemente, esa misma ambigüedad nos lleva a encontrar todo tipo de personas al frente de estos centros especializados: auténticos profesionales de la medicina que investigan con total seriedad, simples mercachifles empeñados en vendernos cualquier cosa o auténticos estafadores que nos ofrecen dietas y curas milagrosas. Discernir entre unos y otros puede ser algo realmente complicado.

Dieta integrativa

Origen de la dieta integrativa

Al amparo de esta noción de medicina se publicó en 1985 el libro sobre la primera dieta integrativa, que se hizo famosa en su día como la antidieta. Sus autores, Harvey y Marilyn Diamond, narran en las primeras páginas del libro la forma en que llegaron a conocerla. Cuenta Harvey Diamond que allá por 1970 escuchó hablar de alguien que daba conferencias sobre salud en Santa Bárbara, California. Y allí se fue para conocer a ese experto, al que curiosamente se refiere tan sólo con un pseudónimo, Jensen, según él a petición del interesado.

Este misterioso personaje, al que Diamond describe como «la persona más sana que jamás hubiera visto en mi vida», le descubre una medicina alternativa, en concreto la higiene natural. A raíz de su encuentro y en el increíble plazo de un mes cuenta Harvey Diamond que consiguió librarse de los veinte kilos de sobrepeso que tenía y que desde entonces se ha mantenido siempre en su peso ideal. Y todo ello gracias a que había cambiado sus hábitos de alimentación.

Durante tres años y medio Diamond permanece aprendiendo con Jensen. Posteriormente trabaja como asesor privado, enseñando a la gente a usar los principios de la higiene natural como estilo de vida. En 1981 inicia un programa de seminarios (el método Diamond) y en 1983 se doctora en ciencias de la nutrición en el American College of Health Science de Austin, Texas, la única institución en Estados Unidos que concede diplomas a graduados en higiene natural. Hasta el momento en que consigue ese peculiar título y a pesar de llevar más de una década viviendo de ello, Harvey Diamond había carecido por completo de cualificación.

Partiendo de la base de que nuestro cuerpo está formado en un 70% de agua, Harvey y Marilyn Diamond dicen nuestra dieta debe estar constituida por un 70% de frutas y verduras (alimentos con alto contenido en agua) y por un 30% de alimentos concentrados (de los que se ha eliminado el agua): pan, carne, pescado, legumbres. Pero además desde que te levantas hasta mediodía sólo se puede tomar fruta, no se pueden consumir juntos los hidratos de carbono y las proteínas (es una dieta disociativa), hay que reducir al máximo el consumo de grasas, no se puede beber durante las comidas (según ellos porque se diluyen los jugos digestivos y se entorpece la digestión), se prohíbe el consumo de productos lácteos (basándose en el peregrino argumento de que los hombres somos la única especie que continúa bebiendo leche en la edad adulta, amén de considerarlos la causa de muchas enfermedades), nada de vinagre en las ensaladas (dicen que es un fermento que retrasa la digestión), nada de azúcar ni dulces, consumir sólo cereales integrales…

La dieta integrativa en España

Durante los últimos meses se podría decir que en nuestro país la dieta integrativa ha estado hasta en la sopa. La artífice ha sido Elisa Blázquez Blanco, diplomada en nutrición humana y dietética por la Universidad Complutense de Madrid, que se ha paseado por todas partes presentando su flamante libro sobre la dieta. Programas de radio y televisión especializados en temas de salud, periódicos, revistas, blogs y páginas web: todos se han apresurado a entrevistarla y a cantarnos las virtudes de esta nueva dieta. Como ya hemos visto la dieta no es tan nueva. Sin embargo hay que reconocer que la nutricionista, al amparo de la clínica especializada en la que trabaja, ha conseguido darle una nueva vuelta de tuerca a la antidieta, trayéndola al siglo XXI y poniendo el acento en una de las grandes inquietudes actuales: la ecología.

La dieta integrativa

En palabras de Elisa Blázquez «la dieta integrativa propone una manera de comer más consciente, y una filosofía de vida. Se trata de volver a comer de una manera más natural y priorizando siempre la calidad de las materias primas que consumimos. Se trata de buscar un estilo de vida que nos ayude a prevenir las grandes epidemias de nuestros días, las enfermedades crónicas». La nutricionista aconseja recortar de forma drástica el consumo de azúcares, harinas, grasas animales y lo que ella cataloga como calorías vacías. Quizás debido a ello las personas que siguen el régimen y filosofía integrativa consiguen perder peso.

Además la nutricionista insiste en la importancia de realizar un plan y una dieta personalizados, en los que cada uno tiene que implicarse personalmente en la consecución de unos objetivos concretos con la ayuda de su coach personal.

Entrando en detalles hay pautas que sigue compartiendo con la primera dieta integrativa. El consumo de frutas y verduras tiene que seguir siendo muy alto, la mayor parte de la ingesta diaria. Eso sí, a diferencia de sus antecesores norteamericanos que indicaban que sólo había que ingerir fruta durante toda la mañana hasta la hora de la comida, la nutricionista española reconoce el problema de las bajadas de glucosa y por ello recomienda desayunar una ración de proteínas (frutos secos, jamón, huevo o semillas) y cereales.

Los productos lácteos siguen estando muy mal vistos. Elisa Blázquez no los prohíbe por completo, pero recomienda reducir su consumo al mínimo y sugiere sustituirlos por los manidos derivados de la soja (leche de soja, tofu, etc.).

Por lo que respecta a las grasas se aconseja eliminar de la dieta todas las de origen animal e ingerir tan sólo las denominadas grasas saludables: aceite de oliva virgen extra y aceite de canola de primera presión en frío, nueces, aguacates y semillas de linaza.

Se aboga también por la introducción de nuevos alimentos en nuestras comidas (las algas marinas de Japón, la quinua de los Andes, semillas variadas…), por el consumo diario de frutos secos crudos y se nos anima a beber un mínimo de litro y medio de agua al día.

En lo que se refiere al pescado nos recomienda elegir peces pequeños, ya que (según la nutricionista) los pescados azules de gran tamaño contienen tóxicos. El consumo de carne (al igual que el del pescado) se reduce al mínimo. Eso sí, al compás del movimiento ecologista que nos rodea, la carne que consumamos tiene que ser ecológica: ganado alimentado con pastos naturales, pollos de corral, huevos de los susodichos pollos… Los cereales tienen que ser integrales y las frutas y verduras han de proceder también de cultivos ecológicos.

En defensa de su dieta, Elisa Blázquez argumenta que «aunque se recomiende el consumo de productos ecológicos, que son más caros, el hecho de disminuir el consumo de carne y pescado y aumentar el de legumbres y cereales compensa la diferencia de precio, lo que convierte a la dieta integrativa en una propuesta asequible. Además estos productos cada vez tienen más demanda, por lo que es muy fácil encontrar la mayoría de ellos en grandes superficies. A pesar de que muchos de ellos no sean muy conocidos, son sabrosos y fáciles de cocinar. Tan sólo hay que estar dispuesto a probar cosas nuevas y disfrutar de sus beneficios».

Dieta integrativa

Utensilios y formas de cocinar

Obviamente, en medio de toda esta fijación por la ecología, las baterías de cocina no podían quedar fuera. Según Elisa Blázquez los utensilios más adecuados para cocinar son los fabricados con acero inoxidable de calidad, titanio o cerámica sin barniz. Por el contrario hay que desechar todos aquellos que pueden desprender partículas tóxicas (bisfenol A, PFOA, etc.) como por ejemplo los fabricados con aluminio, plástico o los recubiertos de teflón.

Por lo que respecta a las formas de cocción aboga por la cocina casera en lugar de los productos precocinados, por cocinar a fuego lento en vez de utilizar las ollas rápidas (algo que nos gustaría a todos, aunque por desgracia no solemos tener tiempo) y por cocer los alimentos al vapor en lugar de hacerlo con agua. Aunque en esta dieta prácticamente no se consumen, la nutricionista nos aconseja tener especial cuidado de no quemar las frituras. Y por último recomienda el uso de moldes de silicona alimentaria para cocinar los alimentos al papillote, en su propio jugo.

Pros y contras

Al igual que ocurre con otras dietas de tipo antiinflamatorio, es cierto que la dieta integrativa puede contribuir a aliviar determinadas patologías crónicas, así como a perder peso. Pero no es oro todo lo que reluce, veamos algunos puntos.

Según las últimas investigaciones el aceite de canola, mal llamado cardiosaludable, puede contener hasta un 40% de grasas trans. Volveremos sobre este tema más adelante, porque hay mucho que contar.

El consumo exclusivo de productos ecológicos, a pesar de lo que opine la autora de la dieta integrativa, puede disparar hasta la estratosfera la lista de la compra y eso no está al alcance de muchas personas. Pero es que además no está nada claro que sean beneficiosos para la salud. Por poner un ejemplo se han producido casos de intoxicación por E. coli, debidos a frutas y verduras ecológicas que habían sido regadas con aguas fecales.

La autora (y otros nutricionistas que difunden la dieta integrativa) nos habla además del coaching (anglicismo que procede del verbo inglés to coach, entrenar). Este término que pusieron de moda en España los publicistas se ha convertido en un cajón de sastre. Bajo su manto se han refugiado todo tipo de profesionales empeñados en convertirse en entrenadores personales listos para instruirnos en cualquier cosa, durante el mayor tiempo posible. Resultado: que la dieta (o lo que sea) nos va a costar el doble o el triple de lo que valdría sin el susodicho coach.

Y para terminar os dejo una cita de uno de los libros más inteligentes que se han escrito últimamente: Los productos naturales, ¡vaya timo!, de José Miguel Mulet Salort, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia e investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas.

«Curiosamente orgánico o biológico se puede aplicar a cualquier alimento, pero ecológico, en rigor, a ninguno. En el momento que alguien quita las malas hierbas, hace surcos en un campo e introduce semillas, se ha cargado todo el ecosistema de ese terreno y ha alterado el equilibrio ecológico de forma irreversible, dañando la biodiversidad que pudiera existir. La única forma de que en un terreno suceda algo ecológico es no interferir en él en ningún aspecto, ni siquiera recolectando semillas o frutos, puesto que esto implica que perturbamos el equilibrio natural. Por tanto, la agricultura nunca puede ser ecológica».

Dieta integrativa

error: Alert: Content is protected !!