Dieta South Beach

La dieta South Beach (playa sur) tiene un nombre realmente evocador: esta playa, que recibe el mismo nombre del barrio en el que está situada, quizás sea la más famosa de Miami. Escenario inolvidable de muchas películas, al oír su nombre nuestra mente se puebla de imágenes de sol, arena blanca, grandes olas, y de jóvenes nadando, jugando en la playa, haciendo surf…

Se podría pensar, por asociación de ideas, que una dieta con ese nombre sería realmente lúdica. Una dieta con bocadillos, hamburguesas, helados e incluso algún cóctel tipo Mojito. O sea, con todas las cosas que asociamos con la playa.

Pues nada más lejos de la realidad. A pesar de lo que sugiere su nombre, la dieta South Beach es una dieta muy seria ideada por un cardiólogo, Arthur Agatston, que buscó el asesoramiento de varios nutricionistas para desarrollar los menús. El resultado fue una dieta de adelgazamiento dirigida a prevenir los problemas cardíacos. Eso sí, hay que reconocerles el mérito de darle un toque de glamour a los platos que la componen.

Dieta South Beach

Arthur Agatston

Arthur Agatston nació en 1947 en Estados Unidos. Tras realizar sus prácticas de medicina interna en el Montefiore Medical Center del Albert Einstein College of Medicine y completar su beca de cardiología en la Universidad de Nueva York, obtuvo su diplomatura en la Facultad de Medicina de esa misma universidad. Ha publicado innumerables artículos académicos sobre el diagnóstico cardíaco no invasivo, la estenosis aórtica, la pericarditis y la miocardiopatía hipertrófica. En la actualidad es director médico del Wellness & Prevention at Baptist Health South Florida y ejerce en el South Beach Preventive Cardiology.

El doctor Agatston comenzó a ejercer en el New York University Medical Center. Un año después fue contratado en el Mount Sinai Medical Center y en el Miami Heart Institute (ambos de Miami Beach, Florida) donde más tarde se convirtió en director del laboratorio de cardiografía no invasiva. Junto a su colega Warren Janowitz (radiólogo) hizo los primeros estudios sobre la cuantificación de calcio en las arterias coronarias, como una medida de la arteriosclerosis para predecir los infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares. Agatston es uno de los desarrolladores de la exploración de tomografía de haz de electrones (EBT), un método de detección que se utiliza para detectar la enfermedad de las arterias coronarias y otras enfermedades. De hecho en las exploraciones EBT para medir la gravedad de la enfermedad se le asigna una puntuación en la “escala de Agatston”.

Al doctor Agatston le inquietaba el sobrepeso de sus pacientes, que les agravaba sus patologías cardíacas y además desembocaba muy a menudo en diabetes y problemas de colesterol. Llevado por esa preocupación, y tras comprobar que la dieta baja en grasa y alta en carbohidratos que recomendaba la Asociación Estadounidense del Corazón no funcionaba, se dedicó a estudiar a fondo el mundo de las dietas. Finalmente, tras consultar con muchos otros médicos y nutricionistas, diseñó la dieta South Beach con el objetivo de que sus pacientes pudieran adelgazar y mantener el nuevo peso. Lo que no esperaba Arthur Agatston es el éxito arrollador que su dieta tuvo en Miami (meca de la belleza física y centro de la moda elegante), ya no entre sus pacientes, sino entre el resto de la gente que vive allí.

¿Qué es el índice glucémico?

El índice glucémico (o glicémico, o efecto glucémico) es la velocidad a la que un alimento hace que aumente el índice de azúcar en sangre (la glucosa). Como punto de referencia para comparar el resto de los alimentos se utiliza la glucosa o el pan blanco. En la dieta South Beach se utiliza el pan como referente y se le asigna un índice glucémico de 100. Cuanto menor es el número de un alimento más tiempo tarda en convertirse en azúcar y, al revés, cuanto mayor es el número menos tiempo tardan.

No hay que confundir el índice glucémico con la cantidad de hidratos de carbono que tiene el alimento. Se pude dar el caso de que un alimento con índice glucémico bajo aporte muchos carbohidratos y viceversa. También influye en este índice la forma en que han sido cocinados los alimentos y las combinaciones que se realicen entre ellos. Controlar todas estas variables es muy útil para los pacientes diabéticos y para aquellas personas que están predispuestas a padecer diabetes.

En cualquier caso, si quieres profundizar en el tema, en el libro del doctor Agatston encontrarás una tabla muy completa en la que se indica el índice glucémico de muchísimos alimentos, incluyendo bastantes productos comerciales. En la dieta South Beach se eligen los alimentos con un índice glucémico más bajo y preparados de tal forma que tengan una digestión lenta. Cuanto más larga es la digestión más calorías se consumen para realizarla y más tiempo dura la sensación de saciedad.

Dieta South Beach

Luchar contra los antojos

En opinión de Arthur Agatston uno de los grandes enemigos de la dieta South Beach (y de cualquier otra) son los antojos. Nos encontramos bien con la dieta, comemos lo suficiente, no nos quedamos con hambre. Sin embargo echamos tanto de menos comer esto o aquello… Por eso el doctor incluye en su libro una serie de consejos y trucos para luchar contra los antojos:

  • Procura eliminar de tu casa todos los alimentos que no debes comer, o al menos colócalos fuera de tu vista. En su lugar procura tener siempre a mano en el frigorífico tiras de verduras, que puedes comer solas, con un poco de queso bajo en grasa, o también con hummus o un dip de berenjena.
  • Si te apasiona la comida mejicana y quieres comerte un taco o un burrito, elige tu relleno favorito y en lugar de utilizar las típicas tortitas o barquitas, utiliza “envolturas vegetales”, como el tomate o el calabacín.
  • Si te aburre comer coliflor hervida (cosa muy comprensible), sácale partido a todas las demás verduras que puedes encontrar en las tiendas: alcachofas, pimientos (verdes, rojos y amarillos), judías verdes, tirabeques, calabacines, calabaza, y todo un mundo de lechugas (romana, iceberg, trocadero, Batavia, hoja de roble, escarola, lollo rosso o lollo biando, china, radiccio, endibia, rúcula), sin olvidar los berros y los canónigos por poner un ejemplo.
  • En lugar de kétchup (que es una auténtica bomba de azúcar) ponle a tus alimentos salsa mexicana, relish de tomate o nuestro clásico pisto. Así comerás más verduras picadas con un delicioso sabor y sin carbohidratos procesados.
  • Si te gustan las pizzas, prueba a eliminar la masa (que te aporta demasiadas calorías). Coloca las rodajas de tomate, la mozzarella, y las especias que prefieras sobre champiñones Portobello.
  • ¿No puedes prescindir de los espaguetis? Pues la próxima vez, en lugar de la pasta clásica, utiliza tiras largas y delgadas de calabaza o calabacín. Te sorprenderá.
  • Si ver los anuncios de la tele te provoca el deseo de comer algo que no debes, levántate cuando empiece la pausa publicitaria. Si camino de tu casa pasas por una pastelería y no puedes resistir los olores, cambia tu itinerario y camina por otra calle. Nadie mejor que tú sabe cuándo salta la alarma, así que elimina los estímulos y acabarás con el problema.
  • Cuando vayas a comer coloca un espejo de forma que puedas verte en él. Parece extraño, pero cuando uno se mira es mucho más difícil hacer trampas.
  • Si la tentación es muy fuerte, antes de comerte la chocolatina o las patatas fritas, bebe un vaso de agua. Si a pesar de todo sigues queriendo hacerlo, toma un tentempié alto en fibra o proteínas (un huevo duro o cereales con fibra).
  • Muchas veces lo que nos provoca los antojos es el estrés o alguna emoción negativa. La próxima vez que te ocurra haz algo diferente y sal a caminar. Un pequeño paseo te relajará y te levantará el ánimo, además de alejarte de las tentaciones. Otra buena idea es relajarte durante veinte minutos en una bañera de agua caliente con un buen libro. Practicar la respiración abdominal o mantener las manos y la cabeza ocupadas (cuida tus plantas, haz crucigramas o rompecabezas, haz alguna labor de artesanía o bricolaje, juega en el ordenador…) también pueden ayudarte a eliminar los antojos del estrés.

Por qué algunas personas fracasan con esta dieta

El doctor Agatston lleva tiempo haciéndose esta pregunta con el fin de mejorar la dieta South Beach en la medida de lo posible. Las personas que la han seguido le dicen que resulta mucho más fácil de hacer de lo que esperaban. Arthur Agatston lo achaca a dos motivos diferentes: por un lado se sienten muy motivados porque las dos primeras semanas la pérdida de peso es grande y rápida (entre cuatro y seis kilos), y por otro a que no pasan hambre ni siquiera en esa primera fase más estricta, ya que en todo momento se les anima a no quedarse con hambre en ninguna comida, incluso a repetir el tentempié de media mañana o de la merienda las veces que sean necesarias.

Pero cuando llegan a la segunda fase y se introducen nuevos alimentos, el ritmo al que se adelgaza es menor y algunas personas se decepcionan. En la segunda fase se suele perder de medio kilo a un kilo por semana, y dependiendo del peso total que haya que perder esta segunda fase se puede prolongar durante mucho tiempo, quizás incluso un año. Y ahí es donde algunas personas se desaniman y empiezan a pensar que en la primera fase no lo pasaron tan mal y que sería una buena idea seguir con ella durante más tiempo para así seguir adelgazando más deprisa. Pero el doctor Agatston nos recuerda que la primera fase está diseñada para durar sólo dos semanas y al prolongarla por más tiempo se vuelve realmente monótona y empiezan los problemas:

«Las persona comienzan a improvisar, pero lo hacen de manera incorrecta. Vuelven a sus malos hábitos de antes, aunque sólo sea de vez en cuando. Siguen el programa de la Primera Fase pero comen un puñado de galletitas Oreo todas las noches. Es más, en realidad pasa lo siguiente: Comen una galletita después de cenar, se dan cuenta de que les supo bastante rica y probablemente no les perjudicó, y aumentan la cantidad a tres cada noche. Comer tres galletitas cada noche sin daños aparentes facilita permitirse una pequeña bolsa de copos de maíz un día a las cuatro de la tarde. Si les va bien con tres galletitas y unos copos de maíz, no parece imprudente darse el gusto de saborear una pizza y una cerveza el fin de semana… Al poco tiempo están haciendo más trampas que dieta.»

La conclusión es obvia: si quieres que la dieta tenga éxito síguela tal y como ha sido diseñada, ten paciencia y no hagas trampas.

Dieta South Beach

La dieta South Beach y sus fases

The South Beach Diet fue publicado en Estados Unidos el 19 de Abril de 2003 y traducido al español en Junio de 2005. El primer capítulo de su libro, que Arthur Agatston titula “Pierda peso y gane vida”, tiene ciertas reminiscencias de las películas del oeste. Agatston nos cuenta que, al igual que ocurría con las grasas, también hay carbohidratos “buenos” y “malos”. Su dieta tiene la misión de eliminar a todos los “malos” de nuestras comidas y dejarnos sólo a los buenos. Para ello ha diseñado un plan alimenticio que consta de tres fases. Te hablaremos más detalladamente de cada una de ellas en otros tantos artículos, pero de momento aquí tienes un pequeño adelanto:

  • Fase 1 – Tiene una duración de dos semanas y una lista de alimentos prohibidos. Pero no te asustes, que en la segunda fase podrás volver a comerlos. Harás seis comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda, cena y un postre antes de acostarte. No se trata de que pases hambre, sino todo lo contrario. Simplemente tienes que comer menos cantidad de aquellos alimentos que más te perjudican. En esta primera fase perderás entre cuatro y seis kilos.
  • Fase 2 – Los alimentos prohibidos vuelven a estar a tu disposición pero en pequeñas cantidades. Esta fase se prolongará hasta que consigas llegar a tu peso idóneo. Seguirás haciendo seis comidas al día y perderás una media de medio kilo o un kilo a la semana.
  • Fase 3 – Las limitaciones se han terminado. Ahora ya puedes comer cualquier cosa en raciones normales, siempre que respetes unas normas básicas que habrás ido aprendiendo en las otras dos fases. El objetivo de esta tercera fase es que mantengas el peso que has alcanzado y la duración es para el resto de tu vida.

En el libro encontrarás sugerencias de menús para las tres fases, así como las recetas de las comidas que te proponen. También se resalta la importancia del ejercicio físico y encontrarás un capítulo dedicado al plan para caminar. El doctor Agatston parte de la premisa de que muchos de sus pacientes apenas se mueven si no es con el coche, y por eso les ofrece una guía detallada de cómo ir caminando de forma paulatina cada vez un poco más, pero evitando posibles riesgos para la salud.

Para terminar te dejo esta frase del doctor Agatston en la que resume las ventajas de su dieta:

«Es posible que empiece la dieta South Beach con la simple esperanza de bajar de peso. Si la sigue y persevera, lo logrará con toda certeza. No obstante, también estará haciendo mucho más por sí mismo. No exagero al afirmar que una de las ventajas adicionales de esta dieta es que puede salvarle la vida.»

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